Somos
verdaderamente afortunados de que esta película se haya estrenado en cines de
todo el país, y más aún en cines provinciales. Esto se debe quizás
principalmente a dos factores: primero, como se puede apreciar en la imagen del
encabezado, Leonardo DiCaprio aparece de forma destacada en todos los carteles
y materiales promocionales, lo que lo convierte, a ojos del espectador, en el
"protagonista" de la película; y segundo, el marketing la posiciona
casi como una película de acción, permitiendo al público comprender fácilmente
su género. Sin embargo, ninguno de estos factores es del todo cierto, pero
tampoco del todo falso. La película utiliza los clichés del cine comercial
(secuencias de persecución, villanos excéntricos) para presentar un estudio de
personajes profundo y experimental, y eso es lo que la hace tan fascinante,
llevándola a ser considerada por el público y la crítica como una de las
mejores del año
Es gracias a Paul Thomas Anderson que "Una Batalla Tras
Otra" se convierte en un producto único, ya que su filmografía,
temáticamente hablando, no había producido previamente una película de acción,
y por lo tanto, la acción no es el enfoque principal del director. En cambio,
su enfoque principal se centra en el conflicto humano llevado al límite de la
psique humana. Películas como "There will be blood", "The Master"
y "Magnolia", entre otras, destacan por su profundidad emocional:
amor, obsesión, precariedad y contradicción. Estos mismos hilos narrativos son
los que podemos esperar en "Una Batalla Tras Otra", que, en
apariencia, es una película de acción (porque lo es), y en su interior, un
fascinante estudio de los personajes de cada uno de sus actores. "Una
Batalla Tras Otra" es, por lo tanto, una batalla de contradicciones que no
sigue un único camino: es una película de acción, un drama honesto, una obra
sobre la obsesión y una comedia; cada uno de sus personajes, como notas
musicales, contribuye a los acordes de esta sinfonía de variaciones.
Desde el inicio DiCaprio se siente como una nota disonante,
atípica, por su gran papel secundario, es en esencia una protagonista en las
sombras, como podríamos ser precisamente todos en cualquier escenario, el
verdadero catalizador de toda la trama es su novia Perfidia Beverly Hills,
interpretada por Teyana Taylor, provocadora mujer revolucionaria con el único
objetivo de persistir en su lucha contra el estado, en especial es estado
opresor de los inmigrantes.

En este sentido, la película se convierte en una extraña
declaración de intenciones en un país donde la inmigración ha sido un tema
central en la política interna durante años, convirtiéndose también en el motor
del conflicto, una tercera capa: la supremacía autoimpuesta de la población
"blanca" y su extremismo racial contra las diversas comunidades
afrodescendientes y latinas. Dos figuras antitéticas operan en este mundo: el
coronel Steven Lockjaw y el carismático sensei Carlos, interpretados por Sean
Penn y Benicio del Toro respectivamente, ambos merecidamente nominados a Mejor
Actor de Reparto. Son estos dos, junto con Bob Ferguson, el personaje de
DiCaprio, quienes transforman la película, una vez que su catalizador inicial,
Perfidia, desaparece de la pantalla, en una cuarta capa: la comedia.
Como una serie de episodios basados en historias inconexas, pero sin cortes, "Una
Batalla Tras Otra" se despliega ante tus ojos como una secuencia de
divertidos contrastes, tan absurdos como la vida misma, mientras Bob y el
Sensei Carlos intentan encontrar a Willa, la hija de Bob y Beverly,
interpretada por Chase Infinity. La película gira en
torno a ella, sin dejar de centrarse en Lockjaw, Bob, el Sensei Carlos y el
contexto de la lucha entre el poder y la vida. Mientras Bob (DiCaprio) encarna
la paranoia y el caos, Carlos proporciona una especie de "calma
excéntrica" a medida
que la búsqueda de Willa se convierte en una serie
de situaciones donde el plan siempre parece estar al borde del colapso.
Anderson y del Toro usan a Sensei Carlos como nota a pie de página, lo que define todo el clímax final
de la película.

Willa se convierte en la heroína y protagonista de su propia
historia, relegando a Bob una vez más a una nota disonante que resulta
inquietante debido a su falta de influencia en su destino final. Sin embargo,
es esta decisión decepcionante la que Paul Thomas Anderson ejecuta con
maestría, como si se tratara de la música de su compositor habitual, el
guitarrista de Radiohead, Johnny Greenwood. Y esa es otra de las cualidades
subyacentes de la película: la música de Greenwood y su aire de cine negro, acentuado
por melodías disonantes, reflejan a la perfección la dirección que Thomas
Anderson da a la cinta.
Sean Penn merece una mención especial. No lo reconocí
realmente durante la película hasta que su nombre apareció en los créditos
finales. Sus gestos, su físico y la psique interior del personaje, transmitida
a través de la forma en que articula cada frase, cada mirada y, al mismo
tiempo, persigue sus pasiones y deseos, lo convierten en el villano más
simpático de una galería de figuras ilustres como Hans Landa (Christof Waltz),
el Joker (Heath Ledger) o Anton Chigurh (Javier Barden). Lo más inquietante de
Lockjaw no es su capacidad para la violencia, sino su carisma. Anderson no lo
retrata como un burócrata frío, sino como un hombre con pasiones, deseos y una
psique vibrante. Es alguien que disfruta de lo que hace; su maldad aunque
proviene del odio, también surge de una convicción absoluta en su misión, lo
que lo hace aún más peligroso porque es imposible razonar con su entusiasmo. Al
retratar a Bob y Perfidia como anarquistas de emociones intensamente violentas,
Lockjaw deja en parte de parecer un perseguidor de rebeldes de corazón puro y
se vuelve más empático como un perseguidor de personajes verdaderamente
peligrosos.
Volviendo al principio de esta reseña, pienso de nuevo que
tuvimos suerte de ver esta película en cines. Claro que ahora se puede ver en
plataformas de streaming, pero su maestría solo se aprecia plenamente en la
pantalla grande, donde eres una conciencia unida a otras, inmerso en una
realidad de disfrute a múltiples niveles..