domingo, 14 de diciembre de 2025

Frankestein


Es imposible separar al creador de su creación, y precisamente este es uno de los ejes centrales de la novela que en el año 1818 publicara la escritora británica Mary Shelley, delimitando con ella el género de terror vinculado a la ciencia ficción; paradójicamente esta máxima también parece aplicarse a la nueva película del director mexicano Guillermo del Toro, quien ha visto cumplido su sueño gracias a su pasión y el apoyo del gigante Netflix.  La película, fruto de décadas de fascinación, es un lienzo suntuoso donde su amor por el monstruo incomprendido y esencialmente piadoso se manifiesta plenamente.

Y es que la historia de Del Toro y Frankenstein se remonta a los inicios de su fascinación por genero de lo monstruoso y lo terrorífico, así a lo largo de su filmografía ha habido varias reminiscencias de lo que en su mente era la figura del ser incomprendido, destinado a ser diferente, pero más piadoso y humano que lo que por generalidad se consideraría humano.

En Frankenstein Del Toro modifica elementos del relato aquí y allá, no siempre en una sensación global de mejora a la historia, pero si con una justificación narrativa que le da nuevos matices a los personajes; así Victor y su amada Elizabeth no tienen una relación de amor, y se palpa a momentos una fascinación unilateral, mientras que como hiciera en "La forma del Agua" Elizabeth se siente más vinculada a la criatura. Su padre, como mecenas de Victor también es un añadido que se escabulle sin mayor visceralidad, tal como lo hace el reconvertido en adulto hermano de Victor. Poco a poco se entreteje y justifica las acciones de Victor, con la figura del padre castigador, y la añoranza del cuidado maternal perdido como un catalizador a su búsqueda por vencer a la muerte.

Alrededor de todos estos cambios Del Toro construye un espectáculo visual fascínate lleno de color y representatividad que trasladan al inconsciente del espectador las motivaciones, búsquedas y hallazgos de los personajes. El rojo, el negro, el azul, el blanco llevan la batuta de una historia contada desde dos perspectivas: El creador y su creación. Oscar Issac hace un gran papel como el obsesivo Victor Frankenstein, pero no lograr transitar, quizá por una decisión de dirección o edición. el camino que enlaza la violencia ejercida durante su infancia con la violencia con la que trata a su "hijo" o creación, sino que le surgen en momentos de frustración con la criatura. 

Por su parte Jacob Elordi gesticula y se mueve convincentemente como "La Criatura", una verdadera epitome de la complexión human hecha de trozos de otros cuerpos, para formar uno bien proporcionado y limpio, tal cual la maestría de un genio cirujano lo imaginaría. Es ahí la gran diferencia con anteriores versiones de la novela que lo representan deforme y demente, su verdadera deformidad no es física, sino ontológica: un ser sin nombre ni propósito, que solo desea la conexión humana que Victor le niega. Elordi es presa de su propia identidad, super fuerza e incluso inmortalidad, cuando la mente y el corazón del monstruo pueden ser capaces de amar y tener compasión, mientras que su cuerpo e ira lo hacen el estereotipo de una bestia.

Todo esto hace que Frankenstein de Del Toro sea un gigante de técnica cinematográfica, pero con una mente y corazón que aun necesitan empezar a latir con mayor fuerza. En parte por lo predecible de la historia ya contada. Para nosotros los fanáticos tanto de Guillermo como de Frankenstein la experiencia es increíble y mágica, sin embargo no lo será para el público general, sino le tienen la suficiente paciencia para dejarla crecer dentro de ellos.



 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

28 years later: The Bone Temple

  "28 years later: The Bone Temple" es la segunda película, de una nueva trilogía, de la tercera entrega de la trilogía original q...